La frontera del olvido: El abismo educativo entre Paraguay y Brasil

Publicado hace 5 meses
A menudo se dice que la frontera entre Pedro Juan Caballero y Ponta Porã es apenas una línea imaginaria, pero en materia educativa, esa línea es un abismo. El proyecto “Hambre Cero”, buque insignia del actual Gobierno Nacional, es sin duda una iniciativa de vital importancia, siempre que se ejecute en tiempo y forma. Sin embargo, estamos lejos de una solución integral. El hambre de conocimiento no

La realidad es cruda: mientras el Gobierno promociona sus logros, cientos de instituciones educativas en nuestro país están en ruinas o han desaparecido, siendo reemplazadas por la sombra de frondosos árboles de mango. A esto se suma el eterno problema de los kits escolares que, entre quejas y denuncias, nunca llegan a la totalidad de los estudiantes del sector público.

El contraste fronterizo Esta dolorosa situación se evidencia cada mañana en nuestra frontera. Es una postal diaria ver a niños y jóvenes paraguayos cruzar hacia el lado brasileño para buscar lo que su propio país les niega o no le da lo suficiente. En las escuelas públicas de Brasil, el alumno no es un número más; recibe uniformes, útiles, merienda y un almuerzo supervisado por nutricionistas. Además, cuentan con un sistema de transporte escolar envidiable, con buses que incluso en las zonas rurales más alejadas aguardan pacientemente a sus pasajeros.

¿Por qué ellos pueden y nosotros no? La respuesta no es solo presupuestaria, sino estructural. Brasil goza de un sistema descentralizado donde los estados y municipios tienen la potestad y los recursos para actuar con agilidad. En Paraguay, dependemos de un hipercentralismo asfixiante. Todo pasa por Asunción. Ni los Gobernadores ni las Juntas Departamentales tienen facultades reales para legislar o ejecutar cambios profundos; están atados de pies y manos, limitados a la autogestión y a la espera de una aprobación central que muchas veces llega tarde o nunca llega.

Mientras no entendamos que la educación necesita autonomía y gestión local, seguiremos mirando con nostalgia al vecino, viendo cómo nuestros niños cruzan la calle para estudiar en una realidad que, de este lado de la línea, parece un sueño inalcanzable.

Amambay Digital