En la frontera, los pobladores de Pedro Juan Caballero – Ponta Porã consumen igualitariamente locro, puchero, sopa paraguaya, feijão con farofa, espetiño, tortilla, churrasco rodicio, parrillada, milanesa, marinera, dobradinha, filé a cubana, cocada etc, y beben tanto cerveza como arí con coca, caipirinha, whisky, pinga, caña blanca, refrigerante como también gaseosa indistintamente.
De igual manera, disfrutan de la música sertaneja, la polca, la guarania, el fandango, el rasguido doble, la samba y otros géneros musicales no típicos de ambos países, como así también, hablan en castellano portugués y guaraní, bailan polca y choti, todo con total naturalidad, pues es como hemos dicho, parte de la cultura fronteriza, en donde quien más quien menos, tiene una mamá, un papá, un hermano, un primo, un sobrino o un nieto brasileño si es paraguayo y paraguayo si es brasileño. Bien sabemos, que la frontera como una barrera en sí no existe, esta es apenas imaginaria, tal es así, que uno se puede parar con un pié en Paraguay y el otro en Brasil.
En esta frontera sui generis, se comparten infraestructuras primordiales para albergar al turismo de compras proveniente del Brasil, pues, gran parte de la estructura hotelera y gastronómica está del lado brasileño y el sector comercial de productos importados del lado paraguayo, formando de esa manera un paquete completo que, desde principios del Siglo XX, fue y continúa siendo el principal puntal de la economía en la frontera, sin dudas, la mayor fuente generadora de empleos.
Atendiendo a esta realidad, es hora de que la cultura fronteriza se convierta en una herramienta para incentivar más el turismo, y darle así al visitante, una atractivo más que el de realizar compras en los comercios de productos importados.
¿Qué hacer?
Los días festivos en Brasil, incluso los fines de semana, sin mucho presupuesto, se puede instalar un toldo o más de gran tamaño en plena línea internacional que pueda albergar a personas o empresas dedicadas al sector gastronómico que ofrezcan comidas típicas que se consumen en la frontera y que muchos de los visitantes desconocen. Igualmente, para animar aún más a los comensales, instalar en el centro un escenario con equipo de sonido donde se presenten números danza y canto de ambos países.
Esta actividad, para que tenga mayor trascendencia y, por qué no decirlo, se vuelva con el tiempo una actividad rutinaria, sería importante que la promuevan en forma conjunta autoridades municipales o los gremios de sector comercial de ambas ciudades fronterizas.
Radio Imperio FM