En la década de los años 50, 60, 70 y gran parte de los 80, mientras que en otras ciudades del país, especialmente en la capital ocurrían crímenes de toda laya, en la frontera Pedro Juan Caballero (Paraguay) – Ponta Porã (Brasil), la delincuencia se centralizaba en el contrabando de café proveniente del Brasil y de whisky u otros productos importados, desde Paraguay hacia territorio brasileño, y eso, generaba una gran rivalidad entre los contrabandistas y agentes de la Policía Federal, que en aquel entonces, ejercía un estricto control anticontrabando en las rutas gbrasileñas, lo cual los convertía en blanco de exterminio por parte de los ya mencionados. Tal es así, que los crímenes de ambos lados de la frontera se sucedían frecuentemente, ya sean víctimas federales o bandidos, por llamarlos de alguna forma.
En esa misma época, tal vez en los años 70 y 80, estuvo en auge el robo y los robos simulados (golpes de seguro) de vehículos, automóviles, camionetas y camiones brasileños que eran llevados por policías, militares o recomendados de presidentes de seccionales, a la capital del país, en donde el propio gobierno permitía el blanqueo de los mismos. Esa actividad también se cobró muchas vidas, pues un temible coronel al servicio de la Policía brasileña, de apellido Adib (Adibi le decían), se encargaba de exterminar y de hacer desaparecer a los “cabriteros” cuando éstos eran descubiertos en poder de algún “cabrito”, como le llamaban a los vehículos robados.
Después, con la marihuana que para aquel entonces ya era producida y comercializada, pero no muy perseguida como ahora, se iniciaron dos ciclos, el de la soja que ingresaba de contrabando desde el Brasil, para ser “nacionalizada” con anuencia del gobierno y luego era exportada como soja paraguaya pasando por el Brasil hasta los puertos de Santos y Paranaguá. La soja ingresada de contrabando debía ser depositada en un solo lugar donde era administrada, y previo pago de los gastos de “legalización” les era entregada a los exportadores. Quienes no se ajustaban a esa medida y decidían negociar y exportar por su cuenta, eran castigados con la muerte, tal el caso de un conocido empresario español.
El segundo ciclo, es la cocaína producida en Colombia y en Bolivia, cuya ruta de destino a los mercados del Brasil y Europa pasa por Paraguay, Pedro Juan Caballero, Ciudad del Este, Concepción, Asunción, Chaco etc., en fin, resultó y siguió resultando más fácil para los “importadores” adquirir la droga de proveedores instalados en Paraguay que hacerlo en origen, es decir, en los lugares de producción. Es por eso, que el Paraguay, en donde todo se compra y se negocia, vulgar “transa”, se convirtió en la ruta ineludible del narcotráfico, que como bien se sabe, va de la mano con asesinatos y abusos de todo tipo.
Hasta hace algunos días, a pesar de que se reportaban y aún se reportan decomisos de toneladas de drogas, hechos de sicariato, lavado de dólares ligados al narcotráfico, Pedro Juan Caballero seguía siendo la “oveja negra”, la “meca del narcotráfico”, el “reino del sicariato”, pero sin embargo, a través del mega operativo denominado “A ultranza Py”, el mundo se pudo enterar que los verdaderos grandes delincuentes, bandidos, narcotraficantes, asesinos y lavadores de dinero, se encuentran en Asunción y en otras ciudades que no son precisamente Pedro Juan Caballero, y lo que es peor aún, entre sus principales autores se encuentran políticos que ocupan u ocuparon altos cargos, ex ministros, pastores de iglesias, fiscales, magistrados, ex policías y militares, en fin, gente de todos los niveles sociales, así que, a los pedrojuaninos nos corresponde esta vez preguntar;
¿Y por casa cómo andamos?.
Redacción Radio Impero FM