¿Por qué María es llena de gracia?

Publicado hace 3 años
San Alfonso María de Liguori decía: “Ante Dios los ruegos de los santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de María son ruegos de Madre”.

El ángel Gabriel le da la clave a María: “Has hallado gracia delante de Dios. Mira, vas a concebir y a dar a luz a un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo”.

¡En sus entrañas iba a nacer el Esperado!. Lo que el ángel anunciaba era mucho más de lo que se hubiera atrevido a imaginar. No era acercarse a la zarza ardiendo de Dios, era llevar la llamarada dentro. María encontró su vocación y comprendió que su pequeña vida había dejado de pertenecerle.

Desde entonces, María se convierte en Madre e intercesora del género humano. No está demás recordar aquellas palabras de Jesús a María, reveladas a santa Brígida: “A todos los que por tu amor me pidan alguna gracia, aunque sean pecadores, se la otorgaré, con tan que tengan voluntad de enmendarse”.

Dice Scott Hahn: “Si quienes juzgan si la gente ha entendido, bien el Evangelio en su esencia, descubren hasta que punto tienen a Dios como Padre… y a María como Madre”.

Un autor francés, San Luís María Griignon de Montfort escribió: “Dios Padre reunió en un depósito todas las aguas, y las llamó mar, y reunió en otro depósito todas las gracias y todas las bendiciones y las llamó María”.

Para la naturaleza humana el Verbo se hizo carne, asociando a su naturaleza Divina la humana, en la persona de Cristo. La naturaleza humana mortalmente herida, caída bajo la tiranía de satanás, fue liberada y sublimada. Le fue restituida la primitiva dignidad, brutalmente pisoteada y destruida con el engaño: “Si coméis de este fruto os haréis semejantes a Dios”.

Pero satanás tiene todavía otra razón para odiar a la naturaleza humana, una razón de envidia y celos. De la naturaleza humana surgiría una criatura, la más bella flor del Cielo y de la tierra. Humilde y alta más que criatura, ningún ser la podrá igualar. Objeto de las complacencias divinas, Ella no conoció nunca, ni siquiera por un solo instante, la esclavitud de satanás.

Satanás no puede mirarla, no puede pensar en Ella sin ser por ello turbado desesperadamente, sin sufrir como a ninguno de nosotros nos es dado poder comprender.

Redacción Radio Imperio 102.9 FM