Como siempre ocurre, en las barreras instaladas en diversos puntos de la ciudad fueron controladas las personas honestas y trabajadoras, mientras que los verdaderos delincuentes reposan tranquilos en sus madrigueras planeado un próximo golpe a una hora, en que saben muy bien, la Policía no asoma las narices en la calle ni para respirar aire fresco.
Esta no es la primera vez que controles de personas y vehículos de esta naturaleza se realizan en diversos puntos de la ciudad, con mayor razón sobre la línea internacional que es por donde ingresan los turistas compradores provenientes del Brasil y que representan una “facturación” asegurada. Tampoco es la primera ni la última vez que el acto de justificación de inoperancia deban pagar inocentes por pecadores, en este caso, honestos trabajadores por delincuentes.
Aún así, gran parte de la ciudadanía ha decidido depositar su confianza en los buenos policías aguardando que éstos, aunque sean de inferior rango, ignoren las órdenes tácitas de sus superiores corruptos y actúen como verdaderos guardianes del orden público en cuyas manos está la seguridad y la vida de las personas.
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