Monseñor Valenzuela cierra la misa fustigando la corrupción, pobreza y violencia

Publicado hace 6 años
Al cierre de la tradicional ceremonia de cada año en Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela leyó una "carta al pueblo", en la cual fue tajante contra la corrupción. Destacó la necesidad de sanear las instituciones, de regularizar la situación de las tierras y mejorar la distribución de los bienes, mejorando el acceso al trabajo para toda la ciudadanía. También exhortó a una renegociación justa del A

Monseñor Valenzuela reservó las más duras críticas para el final de la Misa Central en la Basílica de Caacupé. Leyó una dura carta dirigida al “Pueblo paraguayo”. Primeramente, dijo de “nuestro país vive un período de hondas preocupaciones, inquietudes y tensiones que afectan a nuestra sociedad en el orden político, económico, social y humano”.

El primer punto de crítica fue la negociación del Anexo C del Tratado de Itaipú. Al respecto, dijo que los acuerdos internacionales deben realizarse siempre con miras al bien común superior de la humanidad pero sobretodo para favorecer a nuestros compatriotas. Dijo que Paraguay firmó esos tratados para que los gobiernos de turno obtengan recursos fabulosos de la venta de energía a precio justo. “No para recibir de lo que sobra de aquel que pretende acapararlo todo, sino para impulsar proyectos de desarrollo capaces de mejorar el nivel de vida de la población”, añadió.

Añadió que a lo largo de estos 50 años la firma del tratado generó indiferencia y desconfianza por parte del pueblo, sobre todo con respecto a la futura renegociación probable del Anexo C. “Según los expertos, es una oportunidad brillante de obtener excelentes recursos para impulsar el desarrollo nacional y salir de la pobreza. Es aquí donde necesitamos mayor transparencia, más pericia, mejor control, mayor firmeza y estatura moral de las autoridades para lograr ese objetivo, que ya es un anhelo de todo nuestro pueblo. Por tanto, si no actuamos con espíritu de honestidad y unidad por el bien común, perderemos definitivamente con la futura renegociación del “Anexo C” la oportunidad de sacar a nuestro pueblo al menos de la extrema pobreza. Por ello, para el 2023, solicitamos que los que nos representan actúen con la máxima claridad, habilidad, hondo patriotismo y de cara al pueblo”, agregó.

Mucho dinero en pocas manos

Por otra parte, también hizo énfasis en la mala distribución de las riquezas y en la poca cantidad de ofertas laborales para los más necesidades. “Dicen las estadísticas que disminuyó un poco la cantidad de pobres, medidos a partir del ingreso, pero seguimos con más de un millón ochocientos mil pobres entre nosotros; mientras poquísimas personas acumulan riquezas que ni siquiera están en condiciones de manejar y controlar y menos aún de convertirlas en inversiones para generar fuentes genuinas de trabajo para los miles de desocupados”, manifestó.

En ese sentido, dijo que los profetas no están a favor de la “lucha de clases” sino en contra de la indiferencia del que más tiene hacia el hermano indigente. “Los que tienen la capacidad de amasar inmensas fortunas están llamados a ocuparse del que no tiene nada o puede menos a través de inversiones y creación de puestos de trabajo para que todos puedan vivir con la dignidad de los hijos de Dios”.

También lamentó que haya gran cantidad de jóvenes sin trabajo, pese a poseer idoneidad y capacidad, lo cual los obliga a emigrar al extranjero o “engrosar” las planillas políticas del Estado. “Obligados a vender su conciencia por una insignificante paga y a hipotecar su prestigio y su talento. ¡Basta de mezquindad con el dinero, basta de acumulación excesiva de bienes improductivos en manos de pocos! ¡Basta de especular con la necesidad y angustia de los pobres para despojarlos de sus escasos bienes y empujarlos de esa forma a vivir cada vez de peor manera!”, fustigó.

Señaló también que no le convence el dicho de que el paraguayo no trabaja por haragán, puesto que apenan las interminables filas de ciudadanos que buscan trabajo en los pocos llamados realizados por el Gobierno. “La mayoría de ellos se retiran frustrados de esas convocatorias, pues, solo hay lugar para unos pocos. Hay rubros inexplotados, hay demandas insatisfechas y mucha capacidad ociosa, pero así como algunos tienen la responsabilidad de orientar las inversiones hacia cuestiones creativas e innovadoras, existe también la responsabilidad dirigencial de los trabajadores de mantenerse firmes en la exigencia del salario justo y digno porque, como dice el apóstol Pablo, “el obrero tiene derecho a su salario” (1 Tim 5,18). Recordemos que para la Iglesia la Justa Remuneración es la esencia de la ética social, además del derecho a descanso, al seguro y a la pensión de vejez. No hay que postergar la jubilación”, añadió.