Para llevar una serenata, se necesitaban 3 elementos principales, la persona a ser homenajeada, por el motivo que fuere, él o los músicos, y lo más importante, algo que si era exclusivo del Paraguay, el permiso correspondiente otorgado por la Policía, para lo cual se debía ir a comunicar en la Comisaría más cercana brindando la dirección de la vivienda y el nombre de la persona homenajeada, en algunos casos, dependiendo del humor del oficial o el comisario, también el nombre del responsable, es decir, del serenatero, hijo, novio, chico’i, pretendiente, esposo, amigo o compañero.
El operativo serenata si iniciaba bien temprano en horas de la noche con una reunión en la casa de uno de los que iban a participar de ella. En dicha reunión, lo que se hacía era degustar preferentemente la rubia espumante, como para ir entrando en ambiente y afinar la voz, pues cuando le rubia espumante u otra bebida consumida, a veces whiscola o vino, se introducían en el torrente sanguíneo y en su recorrido previo paso por el hígado llegaban al cerebro, causaba una suerte de metamorfosis, en la que todos, había sido que sabían cantar, tal es así, que en una que otra canción, de preferencia las clásicas, cantaban en coro, desparramando todas las notas del pentagrama. Mientras tanto, el responsable se encargaba de comunicar a la Policía y sacar el permiso.
Para la serenata no había un horario específico, toda vez que sea pasada la medianoche, aunque por lo general se producían entre la 1:00 y las 3:00 de la madrugada, para así darle sentido a, por ejemplo, las canciones que decían… “a la hora en que la luna va muriendo justo cuando comenzabas a soñar..” o. “despierta mi bien despierta y acércate a tu ventana…”, y así sucesivamente, hasta que al sonar la tercera canción esperar a que salga la homenajeada para agradecer e invitar a los serenateros a pasar a la sala para seguir compartiendo, y por supuesto, bebiendo todo lo que pueda tener disponible el dueño de casa, casi siempre, papá de la joven. Tampoco faltaba, ante el abuso de los invitados que se atornillaban en las sillas y sofás, que a punto de clarear la aurora diga, …“mi hija, vení ya a dormir que está por amanecer, ya es tarde”, ésa, era la mamá.
Para poner fin a este relato que de seguro a muchos les traerá gratos recuerdos, no se puede dejar pasar por alto las veces que, por algún hecho enojoso previo con el titular, la homenajeada no salía y ni siquiera encendía la luz, como también las veces que por no sacar el permiso amanecían todos en la sede de una Comisaría, y por supuesto, recordar con mucha nostalgia las más de 10 serenatas que eran llevadas el día de las madres, ese día era el único en el que nadie se molestaba ni tan siquiera comunicar a la Policía, pues resultaba imposible dar a conocer las direcciones de tantos domicilios. Allí nadie se iba preso.
Con el paso del tiempo las serenatas fueron modernizándose, y actualmente, el cantante y los músicos con arpas y guitarras, fueron reemplazados por potentes equipos de sonido, un pendrive o un celular, y las hermosas guaranias, boleros, rancheras y rasguido doble, fueron reemplazados por canciones que no hablan de la “luna muriendo”, “despertar de sueño” ni de “acercarse a la ventana”, hablan de cualquier cosa, menos de sentimientos expresados a través de una o más canciones, pero, ya son otros tiempos, lo escrito aquí es apenas un recuerdo.
Redacción Radio Imperio FM