Para las nuevas generaciones, que no han tenido la oportunidad de conocer ese tipo de calesitas, y para los nostálgicos que las conocieron y disfrutaron de ellas, me permito explicar y recordarles respectivamente, que ese gran atractivo, tanto para grandes y chicos, estaba construido en madera, hierro y una carpa gigante. Giraba, a diferencia de lo que hoy llaman “carrusel”, movido a electricidad, giraba a “tracción humana”, es decir, impulsada por 4 habilidosos mita’í que a cada tanto disfrutaban también de las vueltas, que ya les voy a explicar.
La calesita tenía un eje principal consistente en una viga de madera de unos 5 a 6 metros de alto de 20 x 20 centímetros, desde la punta 2 metros hacia abajo, iba incrustado un especie de engranaje de madera con varios orificios de entrada, completando así, 360 grados. En dichos orificios, se incrustaban tirantes, también de madera con medidas de 10 x 10 cm., de unos 3 a 4 metros de largo, que una vez colocados, se asemejaban a la rueda de una carreta.
A su vez, de las puntas externas de estos tirantes, partían unas gruesas varillas de hierro conectadas con la punta de la viga central, esta giratoria ya que tenía como base un pino de hierro, formando de esa manera un cono que, con una gigantesca carpa, formaba el techo de la calesita. La viga central o eje principal, era a su vez sujetada por tensores de hierro instalados a su alrededor, conectados a unos parantes externos de 2,5 metros y de allí al suelo conectados a estacas de hierro, eso era el sostén principal para que la calesita se mantenga en pié y gire firma sobre su eje.
Después venían las figuras principales, 24 caballitos, pintados en 4 colores distintos, de 6 en 6, con sus respectivos carritos del mismo color. Del centro mismo de los caballitos, partían unas varillas de hierro de 1,80 metros de largo, medidas 3 x 3 cm, que también servían para sujetarse mientras giraba, doblados en las puntas en forma de “U”, para colgar estas figuras de los extremos de los tirante y así formar la calesita propiamente dicha, como así también los 4 carritos, que por su tamaños colgaban de 4 varillas colocada en sus extremos.
Explicado más o menos cómo se montaba este vetusto elemento que tantas alegrías causaba por aquellos años, es hora de poner en funcionamiento nuestra calesita imaginaria. Primeramente, en el centro mismo, con una mesa llena de discos de vinilo de Leo Dan, Palito Ortega, Leonardo Favio, La Joven Guardia, Los Náufragos, Los Iracundos y otros tantos cantantes y grupo musicales de la época y un tocadiscos conectado a 3 o 4 parlantes, tipo bocina, instalados en la punta del eje central, anunciaba el funcionamiento de “la veloz, cómo y segura calesita”, cuyo costo por vuelta, consistente en el tiempo que duraba una canción, era de 1 o 2 guaraníes. A su vez, el ·calesitero” o “speaker” como se lo llamaba, cobraba a los más adultos, 5 guaraníes para dedicarle una canción a la novia, pretendiente, mamá o amiga del, en este caso, contratante.
Cuando ya el “guarda”, que era el que cobraba el servicio, con el dinero sujetado entre los dedos, daba la orden de que empiece a girar la calesita, los 4 mita’í, ubicados en un carrito cada uno, iniciaban el servicio, ad honorem, de hacerla girar “velozmente”, uy a cada tanto, 2 o 3 vueltas, al vuelo sentarse para un leve descanso, así usufructuar el servicio “ka’ípe”, solo que muchas veces el descanso se prolongaba y el ritmo de “la veloz” disminuía, entonces el guarda, con un toque de varilla o chicote, les recordaba que debían seguir con su labor. Tampoco faltaban los “piratas”, que no eran otros mita’í akã hatã, a parte de sogüe, que pescaban en la parte de afuera y a cada tanto abordaban un caballito o un carrito para disfrutar ka’ípe. Estos muchas veces era corridos por el guarda que se ubicaba en la parte de afuera y les aplicaban algunos chicotazos, y así seguía, subían, ligaban, se bajaban y volvían a subir.
Rueda de Chicago y otros juegos
En dos de las imágenes que ilustran esta crónica, se puede observar la que hoy día conocemos como “Rueda Gigante”. En esa época la conocíamos como “Rueda de Chicago”, ¿el por qué?, no sé, no tengo ni idea, lo que sí sé es que para la época era el juego de más “avanzada tecnología”.
A estos dos atractivos podemos agregarle los juegos destinados para mayores de edad, tal el caso de las ruletas de 12 números que siempre tenían las insignias de clubes de fútbol de la extinta LPF, las de 16, 18 y 24 números, todas estas era como una especie de palangana de lata invertida que giraba a través de un eje, con clavos sin cabeza en los extremos que hacían contacto con una especie de púa de plástico u otro material flexible, que señalaba acabar el giro el número sorteado. La más sofisticada, era la de 36 números, la misma que hasta hoy día se utilizan en los casinos.
No podemos olvidar la “Chica y la Grande”, se jugaba con 2 dados que eran arrojados en un cono. Uno apostaba una determinada suma de dinero, y, en la suma de los dados, del 2 al 6 era chica, del 8 al 12 era grande y el 7 pagaba doble. También estaba el pin pin, que hasta hoy existe. La particularidad de este juego, era que la apuesta era entre los jugadores, no conta “la casa”, solo que el responsable, conocido como “aviador”, cada 3 o 4 jugadas, “capaba”, en concepto de “alquiler” una determinada suma.
Estos son apenas de los juegos que en otras épocas era los atractivos por varios días de las fiestas patronales de la ciudad, hoy todos ellos viven únicamente en el recuerdo de quienes tuvimos la dicha de disfrutarlos y compartir con las nuevas generaciones. Historias y de abuelos, como dirían nuestros chicos de hoy día.
Alejo A. Mendieta Ch.