La Navidad de Cachito

Publicado hace 4 años
Cuando era pequeño, de alma y de estatura, me contaba mi abuelo un hermoso cuento al que había titulado “La Navidad de Cachito”, un niño de tan solo 10 años, que lustraba zapatos para ayudar a su mamá en la economía del hogar y el estudio de sus 5 hermanitos menores que no tenían papá.

El sueño de Cachito, como el de tantos niños, era hacerle a su mamá un lindo regalo de Navidad. Faltando pocos días para tan significativa fecha, Cachito ingresó a una joyería y preguntó cuánto costaba una cadenilla de oro que le llamó la atención. La vendedora quien al verlo vestido con un pantalón corto y desgastado al igual que su remera con algunos pulcros remiendos y su cajón de lustrabotas, pero mero cumplimiento y sin prestarle casi interés le dijo que costaba 400.000 guaraníes, a lo que Cachito respondió “gracias, voy a juntar esa plata vuelvo”, y se retiró.

Desde ese día y hasta el 24 de diciembre bien temprano en la mañana, Cachito había ahorrado 15.000 guaraníes, pues los gastos de la casa no le permitían ahorrar más. Aún así, muy esperanzado Cachito salió a lustrar pidiendo al Niño Dios que en su precaria vivienda también pasen una feliz Navidad y que pueda juntar el dinero que le faltaba para comprar el regalo de su mamá.

El día estaba soleado y mucha gente iba y venía por las calles de la ciudad, sin embargo, para Cachito la situación estaba difícil, pues nadie casi estaba ese día con ganas que le saquen brillo a sus zapatos, pero aún así, Cachito seguía ofreciendo sus servicios diciéndole a cada señor que pasaba, “¿lustre patrón?”, y algunos accedían pero otros simplemente ignoraban tan ilusorio ofrecimiento.

Transcurrieron las horas, y a eso de las 4 de la tarde, Cachito hizo lo que hoy llamaríamos en términos contables su “arqueo de caja” sentado sobre su cajón de lustrabotas contando cuidadosamente cada billete y cada moneda. A pesar de que parecía haber sido un día infructuoso para su labor cotidiana, Cachito logró juntar más que otras veces 30.000 guaraníes, de los cuales 15.000 decidió que serían para preparar la cena navideña.

Con los 15.000 que ya había ahorrado más los 15.000 que ganó ese día, había juntado 30.000 guaraníes y muy esperanzado se dirigió a la joyería. Al llegar, luego de aguardar a quesean atendidos otros clientes, se acercó a la vendedora y le dijo que venía a comprar la cadenilla de oro para regalársela a su mamá. La vendedora en todo de desconfianza le preguntó. ¿trajiste el dinero? y con una voz inocente y esperanzadora, colocando un puño de billetes arrugados y monedas sobre el mostrador respondió, “ sí, aquí está”.

La vendedora sorprendida al ver ese pequeño montículo de billetes se dio cuenta que no había lo suficiente para pagar la joya que Cachito quería, y sin contar siquiera le preguntó, ¿cuánto hay allí?, a lo que el niño respondió sonriente, “hay 30.000 guaraníes señorita”. La respuesta fue casi inmediata, “esto no te alcanza para nada”, le dijo, y en ese momento una fría lágrima se dejó caer por el rostro de Cachito.

Al ver la tristeza del niño, el dueño de la joyería que estaba observando la escena, se acercó ala vendedora y le preguntó qué era lo que estaba pasando, entonces el hombre lo llamó a Cachito y tras escuchar su relato, le pidió a la vendedora que coloque la cadenilla en el mejor estuche que tengan y que lo envuelva para regalo, y una vez hecho esto le entregó el paquete a Cachito quien con su manito llena de grasa y el puño cerrado extendió el brazo y depositó en las manos del dueño de la joyería el pequeño montículo de billetes arrugados y las tintineantes monedas, y aunque el hombre no quiso aceptar, Cachito insistió y éste lo complació.

Una vez que Cachito se estiró a feliz con el soñado regalo para su mamá, la vendedora le dice a su patrón, “la verdad no entiendo señor, antes había venido un joven para comprar una valiosa joya y usted no le hizo ni un centavo de descuento y sin embargo a éste niño prácticamente le regaló la joya”, a lo que el hombre respondió, “mirá mi hija, el joven que entró antes es hijo de padres millonarios, y la compra la realizó con dinero que tenía de sobra, en cambio ese niño, ha venido trabajando de lunes a lunes para juntar su dinero, y esa joya que compró, es la joya más cara que he vendido en los más de 30 años que llevo al frente de esta joyería”. La joven que no entendía de lo que su patrón estaba hablando, dijo, “no entiendo señor, ¿cómo puede ser la joya más cara si le pagaron por ella apenas 30.000 guaraníes?”, el hombre la miró fijamente y sonriendo le dijo, “pagó con todo lo que tenía”.

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

Alejo Mendieta