No se trata de tener recursos económicos para lograr que el espacio que se habita sea acogedor, hay casas muy humildes o ranchitos en el campo, a los que se quiere volver, y es agradable estar, por la sencilla razón que está en orden y está limpio, las plantas bien cuidadas y las ropas aunque con remiendos huelen bien.
Las personas que cuidan su espacio, generalmente son nobles, amables y trasmiten sensación de confianza y tranquilidad.
Esas características definen a las personas, probablemente haya un margen de error, pero en la mayoría de los casos es así y es algo que se siente.
Lo mismo en el lugar de trabajo y con más razón aún, porque se comparte con otras personas y por normas de convivencia, se deben cuidar ciertos aspectos, como al lavar la guampa asegurarnos de no echar la yerba al piso al lado del basurero, recargar las bolsitas de hielo y que decir del uso del baño.
Notablemente los hábitos que se tienen en el hogar se trasladan al espacio de convivencia social o laboral, e inevitablemente son catalogados por los compañeros de trabajo como puercos o desprolijos aquellos que ensucian o no mantienen limpio su lugar.
Cuando se es jefe más se notan ambas condiciones, por la exigencia de mantener el orden y el aseo, como al contrario, por permitir el desorden y convivir en medio a la desorganización, donde los documentos se pierden, las carpetas se mezclan, las notas recibidas van a las de notas varias, porque no importa, porque así nomás está bien.
El gobernador de Central fue imputado por lesión de confianza y otros hechos punibles, también la junta departamental votó a favor de la intervención de la gobernación.
La justicia va a determinar si es culpable o inocente; pero si por cómo está la gobernación, a la que llegó hace tres años se lo va a juzgar, ya perdió.