Hechos paranormales: La misteriosa mujer ecargada
Fecha: 2024-03-16 13:10:13 PM
Siguiendo con la serie de hechos, que no son normales y que no tienen explicación, aunque quizás las tenga, en esta ocasión les relataré lo que sucedió en San Lorenzo a finales de los años 60 inicio de los 70.


En una casa ubicada a media cuadra de la Casa Parroquial, detrás del entonces Templo, hoy Catedral, sobre la actual avenida Defensores del Chaco, entonces llamada, avenida Gral. Alfredo Stroessner, vivía una conocida familia, cuyo miembro principal siempre afirmaba escuchar ruidos raros, como botellas y cajas cayendo en el fondo del patio, ya que en ese sector funcionaba una licorería.

Igualmente, el jefe de la casa afirmó en varias ocasiones haber visto la figura, aunque bastante difusa, de una mujer que ingresaba por el portón y se dirigía al fondo del patio, fenómeno este, que tras los primeros sustos e intriga, se le volvió costumbre, a tal punto de que no llegó a comentar con los demás ocupantes de la casa, hasta mucho tiempo después de lo sucedido cuando la misma, yo no habitada, estaba para la venta.

En 1970, la familia que ocupaba la vivienda, se mudó a otra casa distante a unas cinco cuadras del lugar, y por mucho tiempo permaneció deshabitada, por lo que el propietario, un médico de profesión, colocó enfrente el clásico letrero de “Se Vende esta Casa- Tratar Aquí – Teléfono XXX”, de hecho, es bueno mencionar que en la época no existían internet ni redes sociales que ayuden a difundir la oferta, como máximo, además de un privilegio para unos pocos, éstos tenían un teléfono, rústico, de color negro preferentemente y a disco, cuyo orificio sobre el “0”, servía para llavearlo con un pequeño candado diseñado exclusivamente para dicho efecto.

Ocurrió que una tarde, a un hombre que pasaba en un automóvil por el lugar, le llamó la atención el letrero, y como vio a una mujer parada en el patio frente a un portón bajo, con rejas, decidió descender para preguntar cuánto pedían por la casa y todo lo relacionado a las comodidades con las que contaba.

La mujer, una trigueña de estatura mediana, al saludarla, retribuyó el saludo y le preguntó qué deseaba, a lo que el hombre le manifestó su interés por la casa. Sin decirle nada, abrió el portón, y con una seña, extendiendo hacia un costado ambos brazos, lo invitó a pasar. La mujer no hablaba mucho y además tenía una mirada extraña, como perdida, y más que nada todo respondía con movimientos de cabeza en señal de si o no ante cualquier consulta.

Al único lugar donde el hombre pudo acceder fue en la que sería la sala de la casa, en donde solo había una caja de madera donde cabrían 12 botellas de cerveza, a juzgar por la marca impresa en la misma. Fue allí que la mujer, según relató el hombre, luego de hacerle seña para que se siente, con una voz más bien metálica, le dijo:” aquí le puede esperar al dueño”, y se retiró.

Fueron pasando los minutos, hasta que una hora después, el hombre se levantó y salió al patio para hablar con la mujer y decirle que vendría otro día, pero la mujer no aparecía por ningún lado, por lo que se marchó con intenciones de regresar otro día, aunque quedó muy intrigado por la forma descortés con la que fue atendido por la mujer.

Pasaron algunos días y el hombre regresó a la casa para ver si esa vez podía hablar con el dueño, al llegar, descendió de su vehículo y comenzó a golpear las manos sin obtener respuestas, hasta que salió un vecino para decirle que no había nadie, a lo que el hombre le preguntó por la mujer encargada. Ante esta pregunta, el vecino lo miró con una expresión de duda en el rostro como diciendo, “¿éste de quién me está hablando?.

Fue así que el vecino, sin cualquier cuestionamiento ni pedido de explicaciones, le indicó la dirección en la que podía encontrar al dueño. Fue hasta el lugar, una clínica médica, donde pudo hablar con el dueño a quien le manifestó su interés por la casa, que dicho sea de paso, un detalle importante, alguna vez funcionó allí una clínica, donde de hecho, se habrían producido deceso de pacientes.

Una vez en el lugar, vendedor y comprador ingresaron y recorrieron toda la casa, incluso hablaron del precio, que al comprador le pareció justo, por lo que resolvió adquirirla. Cuando ya se retiraban, el comprador le comenta que días antes ya estuvo en la casa esperándolo y que lo había atendido una mujer encargada, por la cual se le antojó preguntar si qué se hizo de ella, a lo que el Doctor le respondió; “mire mi amigo, no nos vamos a engañar, hay cosas que no tienen explicación, está casa está vacía hace más de un año, y aquí nunca hubo ninguna mujer encargada”.

Al parecer, el hombre, acabó no comprando la casa, ya que por mucho tiempo permaneció deshabitada.

Redacción Radio Imperio 106.7 FM



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