Su misión era la de permanecer dentro o fuera de una cabina ubicada frente al portón principal de la casa, para de esa forma, además de custodiar la vivienda, hacer las veces de portonero las veces que iban a salir o entrar los patrones y sus dos hijos, un varón una mujer. ¿El por qué no tenían portón eléctrico?, mejor ni preguntar, pues se trataba de una familia tan millonaria como miserable, muy conocida, por cierto.
Del primer día de trabajo habían pasado unos 15 días más o menos, y estando sentado en un banco frente a la cabina, en una calurosa madrugada de verano, sorpresivamente, apareció desde la derecha, caminando por la vereda, un hombre bien vestido con zapato fino, pantalón y camisa social, bien afeitado y peinado, de 1,80 mts. de estatura más o menos, constitución física robusta, con algunas canas y bien peinado. En fin, un hombre elegante y de buena apariencia, raro por la hora en que andaba recorriendo por las calles a esa hora.
Apenas se acercó al guardia, lo saludó muy amablemente extendiéndole la mano derecha y con la izquierda señalándole el bando como indicando si se podía sentar. Como el guardia o notó muy cansado, le ofreció un sillón de cable que tenía dentro de la cabina, para que se sintiera más cómodo, ofrecimiento al cual el hombre accedió agradeciendo con una leve sonrisa.
Tras permanecer ambos callados por unos minutos, el misterioso hombre rompió el silencio preguntándole por su vida y por su nuevo trabajo al guardia, hecho este que le llamó la atención, ¿pues cómo podría saber el hombre que era nuevo en el trabajo?, así lo único que se le ocurrió decir, que bien, muy bien, y preguntarle si él vivía en el barrio, a lo que el hombre respondió que no, que vivía muy lejos de allí, pero que muchos años atrás si había vivido. Así siguieron hablando contándose historias el uno al otro, hasta que estando a punto de clarear la aurora, el hombre se despidió y se fu por el mismo lugar de donde había venido.
Cuando ya estaba preparando sus pertenencias para marchase, se acerca en su auto el dueño de casa, y antes de que le abriera el portón lo llama y le dice siga así, que las veces que despierta lo ve en la imagen de la única cámara instalada en la parte de afuera, sentado en el banco, despierto y alerta. Para nada mencionó al misterioso hombre, y eso le llamó la atención.
Esa madrugada, a la misma hora volvió a aparecer el hombre, llamativamente con la misma vestimenta que el día anterior, pero esta vez expedía un aroma de perfume de una conocida marca de la época, lo saludó y se sentó en el mismo sillón de la vez anterior. Hablaron de todo un poco, nada extraño, ni raro ni cosa de otro mundo, hasta que a la misma, casi al despuntar el alba, el hombre se despidió y se marchó.
Después de eso, pasaron los días y el hombre no ha vuelto a aparecer, hasta que una mañana, cuando el guardia estaba por retirarse, fue citado por el dueño para que pase por la casa para recibir su primer sueldo, y así lo hizo, fue y la mucama que lo entendió le hizo pasar y sentar en una antesala.
Desde el lugar donde estaba, colgado de la pared vio un cuadro con una fotografía que le llamó la atención, aunque no podía distinguir bien. Cuando llegó el patrón y le hizo entrega de un sobre blanco con su sueldo adentro, preguntó si de quien era la foto y si podía verla más de cerca. El patrón le dijo que si, que pase, que era la foto de su papá, y le explicó que gracias a Dios, unos 15 días atrás la casa pasó a manos de sus hijos tras un largo litigio con otros parientes que pretendían quedarse con ella.
“Estoy seguro de que ahora mi padre va a descansar en paz”, le dice el patrón, a lo que el guardia le contesta, “tenga eso por seguro patrón, su papá seguro ya descansa en paz”. El hombre de la foto era el mismo hombre misterioso que lo había acompañado durante 2 madrugadas, coincidencia o no, los mismos días en que el Juez estaba resolviendo el conflicto.
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