El dilema del crecimiento
Es una realidad ineludible: si todas las construcciones permanecieran intactas frente al crecimiento poblacional y comercial, estaríamos estancados en el tiempo. El progreso exige espacios, y la ciudad, como un organismo vivo, necesita renovarse. Sin embargo, para quienes ya cruzaron la barrera de los 40 años, el paisaje urbano actual es un mapa de sombras de lo que fue.
Es difícil no sentir una punzada en el pecho al recordar esquinas emblemáticas que hoy lucen irreconocibles:
La estructura de madera de la Clínica San Lucas y la ex Mate Laranjeira (Mcal. Estigarribia y Carlos A. López).
La antigua Casa Parroquial sobre Gral. Díaz.
La ex Casa Quevedo (del Mangal) en la intersección de Natalicio Talavera y Julia Miranda C. de Estigarribia.
La fachada original de la Escuela Perpetuo Socorro.
Los comercios que marcaron hitos sobre la calle Dr. Francia: Casa Nipón (luego Casa China, hoy un hipermercado), sobre Mcal. López, Casa Lino, Casa Arigató, Mercado Central, Casa El Porvenir, Ferretería Kawata, Casa San Ramón entre otros tantos que cuparían mucho especio mencionarlos.
El adiós a Casa Franco
Hace apenas unos días, el turno le llegó a la ex Casa Franco. A través de un emotivo posteo en Facebook, Gloria Gómez —quien frecuentó a la familia y mantuvo una estrecha amistad con ellos— compartió la imagen de un terreno baldío en la esquina de Mcal. López y Yegros. Su pregunta fue directa: “¿Dónde está Casa Franco?”.
Su relato, dinámico y cargado de afecto, nos devolvió por un instante a los patriarcas, don Adolfo Franco y doña Ñola, figuras centrales de ese rincón ciudadano. A su pregunta, la respuesta es tan lógica como dolorosa: Casa Franco ya no está. Al igual que tantos otros edificios emblemáticos, ha sucumbido ante las "fauces del progreso" y el inexorable paso del tiempo. Hoy, ese espacio físico se transforma en un patrimonio inmaterial, una imagen imborrable en la memoria de quienes la conocieron.
Evolucionar sin olvidar
Este análisis no pretende ser una crítica negativa. El crecimiento y la modernización son motores necesarios para cualquier sociedad. Vivir de espaldas al presente, aferrados exclusivamente al pasado —como tristemente ilustra el estancamiento de décadas en otros contextos internacionales—, no es el camino hacia el bienestar.
Sin embargo, aunque las paredes caigan, la identidad permanece. Casa Franco y su vecina, Casa Yverá, siguen allí, una frente a otra en esa esquina espiritual de Mcal. López y Yegros. Ya no están hechas de ladrillos, sino de la materia de la que están hechos los recuerdos, custodiadas por una población que se niega a olvidar sus raíces mientras camina hacia el futuro.
Redación Amambay Digial