El "Misterio" del Río Parapití: ¿Cancha difícil o falta de argumentos?

Publicado hace 3 meses
Cada vez que un equipo de la capital o un grande del continente deja puntos en la terraza del país, la grabadora de los periodistas recoge la misma frase, casi como un guion preestablecido: "Es una cancha difícil".

La pregunta que el aficionado pedrojuanino se hace —y con razón— es: ¿Qué tiene realmente de "malo" o "difícil" un campo que hoy luce como una alfombra europea?.

Del "barrial" a la alfombra de la Copa

Para entender la queja, hay que mirar el pasado, pero también el presente. Es cierto que, décadas atrás, el Parapití era un escenario rudo. Sin embargo, tras la reciente remodernización en 2025 y 2026, el empastado ha sido renovado por completo. Con un sistema de drenaje de élite que data desde sus inicios y un césped nivelado bajo estándares internacionales, el argumento del "mal estado" esgrimido por figuras como Bruno Valdez, Juan Iturbe o el propio Felipe Giménez tras el reciente 1-1 ante Nacional, suena más a una salida elegante que a una realidad física.

Los factores reales (que no son "mal estado")

Si bien el campo está en óptimas condiciones, existen tres factores técnicos que sí influyen en el juego y que suelen confundirse con "dificultad":

La "Alfombra" es rápida: Un césped bien cuidado y corto, sumado al riego previo, hace que el balón vuele. Los equipos acostumbrados a canchas con pasto más alto o seco en Asunción pierden precisión en el control.

Dimensiones máximas: El Parapití utiliza el máximo de la regla FIFA (aprox. 105 x 70 metros). Para un equipo visitante que no dosifica, el campo se hace "ancho y largo", generando un desgaste físico que el 2 de Mayo sabe explotar por las bandas.

El factor psicológico y geográfico: Pedro Juan Caballero tiene una altitud y un clima distintos al Departamento Central. Ese pequeño cambio en la densidad del aire afecta el trayecto del balón en los remates de larga distancia.

¿Excusa o Realidad?

Cuando Felipe Giménez atribuye el empate a "lo difícil de la cancha", parece olvidar que él mismo, como técnico, supo potenciar la calidad técnica de sus jugadores en ese mismo suelo. Atribuir el resultado al césped y no a la propuesta táctica de Eduardo Ledesma o a la entrega de los jugadores del "Gallo", es ignorar el mérito deportivo.

En conclusión: El Río Parapití ya no es aquel campo de juego "pesado" de antaño. Hoy es una de las mejores canchas del país. El problema de los visitantes no es el pasto, sino la falta de adaptación a un escenario que exige perfección técnica y un despliegue físico superior.

"Culpar al piso cuando la pelota no dobla es el recurso más antiguo del fútbol; el problema es que hoy el Parapití está tan bien que la excusa ya no tiene donde esconderse".

Amambay Digital