Sin embargo, con el vertiginoso avance tecnológico, un intruso se ha colado en cada institución educativa. Este invitado no solo desvía la atención, sino que entorpece el proceso de aprendizaje y parece haber dictado una sentencia de muerte contra el buen uso del idioma castellano.
La erosión del lenguaje
Bajo la excusa de que "así se escribe en el chat", las reglas ortográficas han pasado al olvido. Hoy da lo mismo escribir "ya voi", "tqm", "ablamos" o "t beo mas tarde". Estos horrores ortográficos se cometen a diario, justificados por la inmediatez de una pantalla que parece perdonarlo todo, pero que en realidad está empobreciendo la capacidad de expresión de las nuevas generaciones.
Una propuesta de orden
El teléfono celular se ha convertido en una extensión de nuestro atuendo diario, es cierto. Pero su presencia en las aulas es, cuanto menos, cuestionable. Su uso en las instituciones debería limitarse a un fin estrictamente funcional: comunicarse con los padres al finalizar la jornada para coordinar el regreso a casa.
Para recuperar ese "claustro" necesario para la formación intelectual, lo más correcto sería:
Prohibir su ingreso a las salas de clase y a los recreos.
Establecer un sistema de entrega en la entrada de la institución.
Retirarlos únicamente a la salida, devolviendo al espacio escolar su carácter de centro de atención y respeto por el saber.
Solo así podremos asegurar que el aula vuelva a ser un lugar de encuentro entre el maestro, el alumno y el conocimiento, sin las distracciones de un mundo digital que, por ahora, parece estar restando más de lo que suma en la educación.
Amambay Digital