Tradicionalmente, antes de que apareciera el invento llamado “clericó gourmet”, esta bebida refrescante y a la vez espirituosa, se preparaba con una selección de frutas de estación como: naranja, piña, durazno, manzana, uva, melón y a veces banana, sumergidas en vino tinto suave (dulce), en la capital y otras ciudades de las marcas Suabia o Mariángela, y de acuerdo al bolsillo de cada uno, con un mejor vino de procedencia argentina o chileno, en tanto que aquí en nuestra frontera, vino Forqueta u otro de mejor calidad. Ese era el clericó de antaño, que dicho sea de paso, era una delicia.
En la actualidad, acompañando el progreso y las nuevas costumbres, el clericó que todos desean consumir es preparado con, las mismas frutas, pero con vinos de primera prensada, de reservas especiales macerados con un poco de azúcar, con sidra, con champagne y hasta con gaseosas para los que prefieren consumirlo sin alcohol.
Aun así, ya sea gourmet o tradicional, el clericó no deja de ser una bebida agradable de consumirla como aperitivo antes de la cena de Navidad y hasta como postre después de dicha cena. Y un detalle final, debe ser consumido bien frío, en vaso y con cucharita. Su consumo debe ser inmediato no puede permanecer guardado por mucho tiempo.
¡Feliz consumo!