Desde un principio hasta al menos 3 o 4 décadas atrás, la Navidad paraguaya giraba en torno al pesebre que era instalado en cada hogar para ser visitado por vecinos del barrio en Nochebuena durante el recorrido que realizaban casa por casa desde la puesta del sol hasta minutos antes de la medianoche en que se aguardaba la llegada del niño Jesús.
El pesebre, tradicionalmente, estaba conformado por figuras hechas de barro (arcilla) en donde se podía ver al niño Jesús en una cuna de paja, sus padres, José y María, los animales del establo como ser, la vaquita y el burrito, el gallo que anunciaba el nacimiento, los pastores y las ovejas, los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltazar con sus camellos, el ángel que anunció el nacimiento a los magos, la estrella de Belén que guió a los mismos, y unos ingredientes auténticamente paraguayos, frutas de estación como ser, sandía, melón, piña y la inconfundible flor de coco que le daba el inconfundible aroma navideño.
Lastimosamente, la influencia comercial de otros países más poderosos, fueron introduciendo de a poco sus costumbre en las que el pesebre prácticamente cubierto con ka’avovei ya no existe, llegando a un punto tal, en que el personaje de papá Noel o Santa Claus, introducido desde Europa a América por la Cosa Cola Company, es hoy día la figura central que nos recuerda estar cercanos a una nueva Navidad, y peor aún, es quien se encarga de traer los regalos, desplazando así a los reyes magos que a estas alturas ya no son aguardados como antes, con sendos regalos cada 6 de enero a los niños que se “portaron bien” durante el año.
A este señor bonachón de larga barba y cabellera blanca, vestido con un pesado abrigo rojo, con gorro y largas botas como para aguantar el crudo invierno europeo y derretirse con el calor de 40 grados en nuestro país, le sumaron otros ingredientes como el árbol de abeto más conocido como árbolito o árbol de Navidad al que adornan con lucecitas de colores, globos, guirnaldas etc, en fin, cualquier cosa menos algo que nos recuerde que estamos aguardando para celebrar el nacimiento del Salvador del Mundo, absolutamente nada.
Un nuevo invento
De unos años a esta parte, además de ser muy pocos los pesebres que se montan, hemos venido observando que en algunos de ellos la cama de paja del niño Jesús está vacía, ¿y eso, por qué?, simple y llanamente porque a alguien que se las dio de sabelotodo, se le antojó inventar el cuento de que el Niño no puede estar presente antes de nacer, que recién debe estar pasada la medianoche del 24 de diciembre porque, según su absurda forma de ver la realidad, ¿cómo va a estar allí el niño antes de nacer?.
Entonces, si es así como dice que es, cabe hacer algunas preguntas, sin el Niño presente, ¿qué hacen María y José arrodillados adorando una cuna vacía?, ¿y que hacen las demás figuras en similar posición?, ¿a quién están adorando?, ridículo, ¿no les parece? El pesebre es apenas la representación de lo sucedido 2022 años atrás en Belén, una época en la que no existían los retratistas ni mucho menos los fotógrafos, ¿o es que ahora nos van a salir con eso de que para celebrar nuestro cumpleaños debemos ocultar las fotos de cumpleaños anteriores y mostrarlas recién en los primeros minutos de nuestra fecha de nacimiento?.
De ser así, que los crucifijos ubicados en los templos o en cualquier otro lugar, ya sea en el hogar o colgado en el cuello, estén todos vacíos y que se lo coloque a Jesús recién el viernes santo, ya que es el día en que fue crucificado y murió, antes no, porque, ¿cómo va a estar en la cruz muerto si todavía ni siquiera le crucificaron?. Esta pregunta bien la podría responder el “sabio” que inventó la historia del pesebre si Niño.
Basta y sobra con que haya desaparecido casi por completo el pesebre de nuestra Navidad paraguaya, pero que al menos los pocos que quedan sean reproducidos sin inventos disparatados.
Amambay Digital